lunes, 3 de septiembre de 2018

Ambiente internacional apagó la relación del dólar y el precio del petróleo.

Nos habíamos acostumbrado a que el precio del dólar en Colombia estaba directamente relacionado con lo que ocurriera con el precio del petróleo. A junio de 2018 las exportaciones de petróleo y sus derivados representaban el 41,4% de las exportaciones colombianas. Dado ese gran peso del petróleo en la economía colombiana, cuando el precio de éste cae, cae el flujo de dólares que recibe el país por dichas exportaciones y por tanto la oferta de dólares en el país cae. El resultado natural es que el dólar se haga relativamente más escaso y por tanto su precio sube, se devalúa el peso. Y cuando el precio del petróleo aumenta, entonces el flujo de dólares que entrará al país será mayor y por tanto el precio del dólar típicamente cae (revaluación). Por eso, nos habíamos acostumbrado a que, con precios del petróleo altos, el precio del dólar es bajo. Por ejemplo, entre 2012 y mediados de 2014 el precio del barril del petróleo estaba por encima de 100 dólares y la tasa de cambio estaba al rededor de los $1.700 y $1.800. Pero cuando, el precio del petróleo cayó por debajo de los 60 dólares el barril, el precio del dólar llegó a niveles de $2.800 o más. Es más, a principios de 2016 cuando el barril del petróleo cayó por debajo de los 30 dólares por barril, el preció del dólar alcanzó su máximo histórico (aproximadamente $3.360). Es decir, el precio del dólar en Colombia y el del petróleo en los mercados internacionales caminan de la mano. Pero, este fenómeno es diferente este año. Desde finales del 2017, el precio del petróleo se ha venido fortaleciendo pasando de niveles de 50 dólares el barril a niveles cercanos a los 80 dólares el barril. Se esperaba que este aumento generaría una caída en el precio del dólar, pero por el contrario el precio del dólar ha venido subiendo. Es decir, se apagó la relación entre precio internacional del petróleo y la tasa de cambio en Colombia. La desaparición de esta relación puede explicarse por fenómenos externos a Colombia. La razón para este resultado tan increíble a primera vista es sencilla. La guerra comercial del Gobierno Trump con China y otras economías grandes está poniendo nervioso literalmente a todo el mundo. Claramente esto implicará menos crecimiento de la economía mundial. Adicionalmente, por razones internas la FED (el Banco Central de los Estados Unidos) viene aumentando las tasas de interés haciendo más atractivo invertir en Estados Unidos y esto empuja la demanda de dólares a nivel global. Al mismo tiempo economías emergentes como Argentina, Brasil, Turquía y Sudáfrica han visto depreciaciones significativas en sus divisas este año por problemas internos. Así, los inversionistas en todas las economías emergentes se ponen nerviosos y el capital huye de todos los mercados emergentes (incluyendo Colombia) para buscar refugios seguros, como el dólar. Dado que el ambiente internacional es incierto. Y en momentos en que se asoma una guerra comercial fuerte y crisis en países emergentes como Turquía y Argentina, se buscan las inversiones más seguras. Los mercados están hablando y fuerte. El mercado cree que no obstante hay problemas en la forma como se comporta el gobierno americano, está sigue siendo una de las economías menos riesgosas. Es decir, los inversionistas del mundo aún tienen fe en la economía americana. Mientras que parece no creerles a las economías emergentes. Por eso los inversionistas están demandando más dólares de lo normal, para refugiarse en una moneda segura. Así, la demanda por dólares está aumentando en todo el mundo, incluyendo a Colombia. Y esto no parece que parara en el corto plazo. Es decir, tendremos que acostumbrarnos por un tiempo a un dólar en niveles de $3.000. Afortunadamente, el precio del petróleo esta relativamente alto, de lo contrario el aumento en la tasa de cambio en Colombia sería mucho más grande como ocurre en Argentina. (Una versión de esta columna de opinión fué publicada en el diario El País de Cali el 1 de septiembre de 2018)

jueves, 16 de agosto de 2018

Eliminar ceros no es la solución para la hiperinflación de Venezuela

No existen cifras oficiales en Venezuela para la inflación, pero el Fondo Monetario Internacional estima que la inflación al final de 2018 cerrará en 1 millón porciento. Pero independientemente de si este pronóstico es adecuado o no, lo que es claro es que Venezuela está sufriendo una hiperinflación. La inflación es un fenómeno en el cuál los precios de todos los bienes y servicios crecen. Y eso es normal. Por ejemplo, en Colombia la inflación en 2017 fue de 4,09 %. Pero en una hiperinflación, lo que ocurre es que el aumento de los precios es tan grande que por como mínimo supera el 50% en un mes y además esta situación se mantiene por lo menos por un año. Algunos analistas estiman, de manera conservadora, que la inflación diaria en Venezuela es de 2,8 % (cómo un año en Colombia) lo que implica un aumento de aproximadamente 200 % en un mes. Esto es difícil de imaginar para nosotros en Colombia, que no hemos tenido inflaciones de esas dimensiones en nuestra historia. La hiperinflación hace que los billetes y las monedas pierdan poder adquisitivo rápidamente. Por ejemplo, con esa tasa de inflación diaria de 2,8% y suponiendo que no se acelera la inflación, si usted recibe hoy un billete de cien mil Bolívares en 30 días, con ese mismo billete, podrá comparar solo la mitad de lo que puede comprar hoy. Y pasados 60 días solo podrá comprar el 25% de lo que compraba inicialmente. Tras 100 días el billete tendrá un poder adquisitivo del 10% de su valor. En 365 días el billete de cien mil bolívares tendrá un poder adquisitivo de aproximadamente el 0.02% a su valor inicial; es decir, prácticamente no tiene poder adquisitivo. ¡Una locura! ¿Cómo llega un país a esa situación? No existe una única razón. Pero es claro que en Venezuela hay dos causas muy importantes. Por un lado, una escasez de bienes y servicios que hace que los precios suban. Y por el otro lado, la inexistente de independencia del Banco Central del gobierno implicó un aumento exagerado de la emisión de billetes para financiar el gasto público (incluido los subsidios). Esto le dio el empujón a la inflación en Venezuela que necesitaba para acelerarse a niveles históricos. Y ahora que ya está acelerada, se encuentra con un impulso tal que no hay emisión de billetes que aguante el crecimiento de los precios y se observa una escasez hasta de efectivo. Ya no hay billetes suficientes para pagar los precios de los escasos productos que se encuentran en las estanterías. En días pasados, el gobierno Maduro anunció nuevas medidas para frenar la hiperinflación. El 20 de agosto, se eliminarían cinco ceros de todos los precios actuales, saldrían de circulación los actuales billetes y entraría en circulación una nueva moneda: el “bolívar soberano”. Esto es como intentar parar una locomotora con un muro de cartón. En menos de un mes es imposible adecuar una economía a un cambio como este. La logística de distribuir los billetes (suponiendo que ya están impresos) por todo un país no es fácil. Por ejemplo, en Colombia hemos discutido muchas veces quitar tres ceros al peso y todos los proyectos proponen periodos de transición que van de un año a cinco años. Es impensable este tipo de cambio en tan pocos días, en especial en una economía que no funciona de manera eficiente. Por otro lado, no se ha atacado uno de los problemas más grandes y es la falta de independencia del Banco Central (quien emite los billetes) y el Gobierno (quien los gasta). Así no hay nada que garantice que no se disparará la emisión de los “bolívares soberanos” para seguir financiando el gasto. Y por tanto la hiperinflación continuará. Lo que ha ocurrido en otros países (como Ecuador que tenía una tasa de inflación de 9 6% en 2000) para frenar la hiperinflación es emplear el dólar como un ancla que permita parar los procesos inflacionarios. Con la dolarización es claro que el gobierno no podrá emitir mas billetes. Esto genera un paro en seco de esa fuente de la inflación y se pueda trabajar en la otra frente: reactivar el aparato productivo para aumentar la disponibilidad de bienes y servicios. Pero una medida como esta es impensable en la Venezuela actual. Lastimosamente, no se ve una salida pronta a la hiperinflación en nuestro vecino. (Una versión de esta columna de opinión fue publicado el 16 de agosto de 2018 en el diario EL PAÍS de Cali)