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viernes, 22 de noviembre de 2013

Infraestructura otra tarea pendiente.

La alianza del Pacífico es un bloque comercial que parece estar conformado por países muy parecidos. Chile, Colombia, México y Perú parecen tener economías relativamente parecidas y grados de desarrollo no tan diferentes. No obstante tenemos muchas similitudes culturales con estos tres países, existen claramente diferencias entre ellos. Por ejemplo, en términos de competitividad Colombia, México y Perú son relativamente similares. El Foro Económico Mundial construye el “Global Competitiveness Index” (GCI) que permite comparar para 2013 la competitividad de 148 países. Según dicho ranking, Colombia ocupa la posición 69, Perú la posición 61 y México la posición 55. Chile se comporta algo diferente, ubicándose como el país 34 según dicho ranking. No obstante estas relativas similitudes, una de las grandes diferencias se encuentra en la infraestructura con cuenta cada país para aprovechar esta alianza. La infraestructura de un país es un factor determinantes para su competitividad. La infraestructura permite reducir los tiempos y costos de transporte. Todo esto al final se ve reflejado en el precio de los productos. Está bien documentado que nuestro país presenta grandes atrasos en su infraestructura. Para no ir muy lejos, podemos emplear la misma información del Foro Económico Mundial. El GCI incluye diferentes dimensiones, entre estas se valora la infraestructura de cada país. Si solo se considera la infraestructura, Colombia es el país 92 de los 148. Perú es el número 91, México el 64 y Chile el 46. Es más, según la misma institución la inadecuada oferta de infraestructura en Colombia es el segundo factor más problemático para hacer negocios, después de la corrupción. Para los otros tres países de la Alianza, la oferta de infraestructura no es uno de los primeros cinco problemas más importantes para los negocios. Es decir, claramente en Colombia a infraestructura es un cuello de botella para los negocios. Ahora bien, si se mira en detalle los elementos que hacen parte del ranking de infraestructura, encontramos resultados interesantes que ponen en perspectiva la infraestructura actual del país. Según el Foro Económico Mundial, la calidad de las vías de nuestro país se encuentra en la posición 130. Para los otros tres países la posición esta entre los primeros 50 y 90 puestos. En la infraestructura ferroviaria Colombia es el número 113, solo comparable con Perú que ocupa la posición 102. En términos de puertos estamos en la posición 110, mientras que los otros tres países se encuentran en posiciones superiores a la 80. Es decir, en puertos, vías y sistema férreo nos encontramos relativamente lejos de estos socios. ¿Dónde nos va mejor? En la infraestructura eléctrica ocupamos la posición 63, posición similar a la de Chile (puesto 65). En este caso, Colombia está mejor que Perú (puesto 73) y México (puesto 81). En otras dimensiones como la disponibilidad de líneas telefónicas móviles y fijas nuestras posiciones son muy similares. Es claro que nuestra infraestructura de transporte no es la adecuada para el país, aún estamos relativamente lejos de nuestros socios de la Alianza del Pacífico. Necesitamos mejorar en este aspecto, pero hay que tener en cuenta dos puntos. En el tema de competitividad se trata de una carrera. En infraestructura, nosotros nos encontramos en la parte de atrás del pelotón. Si mejoramos la mismo ritmo del pelotón, no ganaremos posiciones. Lo único que se logrará es no caer mas atrás. En ese orden de ideas, nuestros tres socios están haciendo grandes esfuerzos para mejorar en infraestructura, lo que implica que el esfuerzo de Colombia debe ser aún mayor que ellos para ganar competitividad frente a ellos. Esto no es tarea fácil, en especial dada la historia reciente de la infraestructura en los cuatro países. Por otro lado, se tiene que tener mucho cuidado. La infraestructura es sólo una pieza mas del engranaje que hace un país mas competitivo. Si mejoramos la infraestructura pero no mejoramos otros aspectos, como por ejemplo la capacitación de nuestra mano de obra y la capacidad de innovación de nuestras firmas, entonces lo único que hará la buena infraestructura de transporte es disminuir los costos de las importaciones y no la nuestras exportaciones. Y al final no podremos aprovechar la Alianza. (Esta columna de opinión fue publicada en el diario La República el 22 de noviembre de 2013)

sábado, 12 de enero de 2013

Parqueaderos subterráneos: Una opción para atraer la inversión privada. (Opción a privados)

La participación privada en la construcción y operación de obras de infraestructura es una de las herramientas con que cuenta el sector público para hacer inversiones cuando los recursos no alcanzan. De hecho en Colombia existen varios casos exitosos de construcción de infraestructura por parte de privados que históricamente hacía el sector público; por ejemplo: la segunda pista del Aeropuerto el Dorado, nuestros puertos o la malla vial del Valle. Para que la participación privada en la construcción con recursos propios en la construcción de obras de infraestructura sea exitosa tanto para los ciudadanos como para el privado se requieren dos ingredientes. El privado requiere una garantía de que los ingresos permitirán recuperar la inversión y generar una ganancia “razonable”. Y los ciudadanos requerimos que las tarifas para hacer uso de la infraestructura sea razonable. Este balance no es una tarea fácil y típicamente se trata de resolver estructurando un contrato de concesión. Contrato que implica que el privado pone los recursos necesarios para realizar la obra de infraestructura, la opera y la devuelve al final de la concesión; y el sector público asegura que la demanda se dé y que las tarifas no sean excesivas. La construcción de parqueaderos subterráneos por parte privados bajo la modalidad de concesión pueden ser una buena oportunidad para emplear esta figura en Cali. Pero no será fácil atraer a los privados. Por ejemplo, fuera de toda la filigrana financiera y de ingeniería de unos proyectos como estos, tal vez el aspecto más importante será convencer al privado que la administración actual y las que vienen tendrán la disposición política para asegurar que los ciudadanos tengan que emplear los parqueaderos subterráneos y que las calles no sigan siendo empleados como parqueaderos. Hemos observado como esta administración tiene dicha disposición política, pero también hemos visto como muchísimas administraciones han decidido no darse la “pela” de hacer respetar el uso del espacio público. Esto implicaría un gran cambio cultural en nuestra ciudad y una verdadera política de ciudad al respecto. Ojalá se dé. (Esta columna de opinión fue publicada en el diario El País de cali el 12 de enero de 2013)

viernes, 3 de junio de 2011

¿Vía al futuro?

A principios de 2009, la adminsitración Ospina presentó el proyecto de acuerdo para la construcción por el sistema de concesión una autopista que permita a los automóviles movilizarse de sur a norte en 15 minutos tras el pago de peajes: la hoy famosa. El Concejo, en abril de 2009, le dió a la adminsitración local las facultades para iniciar el proceso de licitación en un plazo de 18 meses. En febrero de este año, la misma Corporación, le extendió el plazo hasta diciembre para, con la esperanza que en 10 meses se logre lo que no se había hecho en 18 meses.

El proceso parece estar estancado y poco se sabe cómo en los seis meses que faltan de este año se pueda llevar a feliz término el proceso de licitación de una obra tan imporante para la ciudad. Parece que esta obra tendrá que ser retomada por la futura adminsitración.

El problema de dejar pasar el tiempo son dos. Por un lado, estamos desaprovechando una coyuntura muy buena de bajas tasas de interés a nivel internacional y de alta liquidez. Hay inversionsitas institucionales que están buscando literalmente en todo el mundo que hacer con sus recursos. Y Colombia es uno de esos lugares a dónde están mirando. Dificilmente se podrá repetir una coyuntura como la del año pasado y éste en los próximos cuatro años. Claramente, la época de bajas tasas de interés está empesando a desaparecer. En otras palabras, financiar un proyecto como éste no es tan dificil en la coyuntura internacional actual, pero probablemente no lo seguirá siendo en unos meses, o si se consiguen los recursos nos costarán más.

Por otro lado, y tal vez más importante aún, es la necesidad de brindar soluciones claras a la mobilidad de la ciudad y la conección de la ciudad con el suroccidente colombiano. Tal vez el mismo desarrollo de la ciudad responde a la mayor articulación de la ciudad con Bogotá y el norte del país, lo que se refleja en la infraestructura vial que conecta el norte con el resto del país. Pero ya es momento que miremos la conección entre el sur y el norte de la ciudad. Necesitamos que la ciudad se integre con el sur del país de una manera más adecuada a nuestros retos. Aprovechar el potencial que trae la región Pacífico y potencializar el atractivo de Cali depende de una planeación de las vías. La ciudad necesita una estrategia de crecimiento que integre la inversión pública y privada en infraestructura y las potencialidades del aparato productivo de la región. Es cuestión de competitividad.

(Esta columna de opinión fue publicada en el diario el País de Cali el 3 de junio de 2011)

jueves, 16 de septiembre de 2010

(La movilidad) Un asunto económico

La falta de movilidad martiriza a todos los ciudadanos de las grandes ciudades al hacer cada vez más complicado el desplazamiento al interior de estas. El problema de la falta de movilidad no es únicamente las molestias asociadas o el no poder emplear el carro; el problema es también económico.
Los trancones no sólo representan desplazamientos más costosos en tiempo, combustible, desgaste de los vehículos y más contaminación, sino que también representan mayor dificultad para realizar negocios y que la actividad económica florezca.
En los próximos días el norte y el oeste de la ciudad empezarán a experimentar una disminución en la movilidad aún mayora la que vivimos hoy, gracias al inicio de algunas obras. Esto agravará la situación de movilidad de toda la ciudad.
Los ciudadanos tendremos que resignarnos a los altos costos en tiempo y otros recursos que implicarán estas obras. Pero en este caso es importante tener en cuenta que la razón para aceptar esta disminución en la movilidad es permitir que en el mediano plazo los tiempos de desplazamiento disminuyan o por lo menos no sigan aumentando al ritmo que ha corrido los últimos años. Así, cuando estemos en los nuevos trancones tendremos que pensar que estamos invirtiendo nuestro tiempo y paciencia hoy, para tener una mejor movilidad en el mediano plazo. Ojalá esta inversión de recursos, de nuestro tiempo y paciencia traiga altos rendimientos en términos de mejor movilidad. El tiempo y la gestión de la administración y contratistas nos dirá si esa inversión valió la pena.
(Una versión de este artículo de opinión fué publicado en el Periodico quincenal El País Norte del 12 de agosto página 8.)