El DANE publicó recientemente un resultado que es bueno para Cali: la tasa de desempleo promedio entre mayo y junio de 2024 bajó de 11,7 % a 7,8 % en 2025. La tasa más baja para ese mismo periodo desde 2007. La caída en la tasa de desempleo siempre será una buena noticia. No obstante, veamos qué hay detrás de este resultado.
Los ocupados crecieron en ese período en 27 mil (crecimiento del 2,5%) y los desocupados cayeron en 49 mil (caída del 33,9%); buena noticia. Lo preocupante aparece cuando vemos de dónde salen estos nuevos puestos de trabajo y la caída de los desocupados. Según las cifras del DANE, tenemos 11 mil empleados más del gobierno, un crecimiento del 38,9%. No obstante, la industria perdió 5 mil empleos (una caída del 2,8%) y la construcción 6 mil (una caída del 8,6%). Las “Actividades artísticas, entretenimiento, recreación y otras actividades de servicios” ocuparon 12 mil personas menos (una caída del 9,6%). Por el lado de los sectores que más generaron puestos de trabajo están el comercio, con 11 mil puestos de trabajo (un crecimiento del 4,9%), las actividades profesionales, científicas, técnicas y servicios administrativos con 10 mil (un crecimiento del 12,8%) y el sector de “Administración pública y defensa, educación y atención de la salud humana” con 29 mil puestos de trabajo (crecimiento del 19,9%). En esta última rama de actividad económica se incluyen los 11 mil nuevos empleados públicos en Cali.
Veamos el otro lado, la caída de los desocupados en 49 mil. Recordemos que se generaron 27 mil nuevos empleos. La caída se da por la salida del mercado laboral de 46 mil caleños, de los cuales tenemos 9 mil más estudiando y 32 mil más dedicados a oficios del hogar.
Es decir, tenemos una salida de caleños del mercado laboral que hace reducir sustancialmente el número de desocupados y, en su mayoría (69%) de los que salen del mercado de trabajo se dedican a oficios del hogar. Por otro lado, sectores como la industria, la construcción y la industria del entretenimiento y servicios, que generan un alto valor agregado, están disminuyendo los puestos de trabajo que producen. Estos sectores típicamente representan las fortalezas de la economía caleña. Por el lado de los motores generadores de empleo se encuentran dos que claramente no son sostenibles: el comercio y el sector público. Cali no puede sustentar su generación de ingresos con el crecimiento del comercio y mucho menos con el aumento de funcionarios públicos.
Las cifras de empleo en la ciudad son buenas, pero no podemos hacer fiesta con estos resultados, pues no parecen sostenibles y preocupa la salida tan grande de caleños del mercado laboral a hacer labores de hogar. Sigue siendo imperativo para la ciudad generar las condiciones para mantener los puestos de trabajo existentes en la industria, la construcción y la industria del entretenimiento.
(Una version de esta columna de opinión fué publicada en el diario el País de Cali el 9 de septiembre de 2025)
martes, 9 de septiembre de 2025
sábado, 16 de agosto de 2025
Crecemos, pero a media marcha.
El crecimiento del PIB del 2,1% anual para el segundo trimestre de 2025 es agridulce. En el contexto internacional no es malo, comparado con los crecimientos de algunos países de la OCDE que ya han reportado resultados. Y posiblemente el crecimiento anual para 2025 esté dentro del rango de lo esperado por la mayoría de las oficinas de estudios económicos de los bancos colombianos, entre el 2% y el 3,2%. Solo se requiere que la economía crezca un 1,6% anual en los próximos dos trimestres para alcanzar el 2% predicho por BBVA para todo 2025, o un 2,6% en los dos trimestres para llegar al 2,5% anual. Pero para alcanzar el crecimiento del 3,2% esperado por Corficolombiana, es necesario que la economía crezca en los dos próximos trimestres al 3,9%, algo no imposible, pero sí poco viable. Es decir, los resultados son buenos en el contexto internacional y están en línea con lo que la mayoría de los analistas esperan, más en la parte baja del rango de los pronósticos.
Los sectores que se destacan por su crecimiento son “Actividades artísticas, de entretenimiento y recreación y otras actividades de servicios” con un crecimiento del 9,1% anual y el comercio con un crecimiento del 8% anual. ¿Dónde están los problemas? La caída descomunal del sector minero (incluida la extracción de petróleo) es notable. Cayó un 10,2% con respecto al segundo trimestre del 2024. Esta es la caída más alta del sector, si excluimos el año de la pandemia (del segundo trimestre del 2020 al primero del 2021). El valor agregado de este sector en este trimestre es un 13% menor que el que era en el segundo trimestre del 2023. Otro sector que presentó una caída significativa en su valor agregado es la construcción, con un decrecimiento del 3,5%, explicado por la caída del 9% en la construcción de edificaciones, la cual constituye la mayor caída desde la pandemia. El valor agregado de la construcción de vivienda es coincidentemente un 13% inferior en este trimestre respecto al segundo trimestre del 2023. Además, según los últimos datos reportados por el DANE, las exportaciones en el segundo trimestre de 2025 cayeron un 1,6% respecto al mismo período del 2024, mientras que las importaciones crecieron un 9,7%.
La economía crece, pero a media marcha y con desequilibrios: el consumo, el comercio y el entretenimiento crecen, mientras motores tradicionales del crecimiento económico como la minería y la construcción siguen apagados y cayendo. Si queremos que la economía crezca de manera sostenida, urge despejar la incertidumbre presente en la economía; necesitamos volver a prender todos los motores de la economía. Esto es una tarea que no da espera a la llegada de un nuevo gobierno en 2026. Los cambios se deben generar lo más pronto posible. Sin ese giro, 2025 cerrará en la parte baja de los pronósticos.
(Esta columna de opinion fue publicada en el diario El País de Cali el 16 de agosto de 2025)
https://www.elpais.com.co/economia/crecemos-a-media-marcha-resultado-del-pib-no-fue-lo-que-se-esperaba-1533.html
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jueves, 1 de mayo de 2025
Cae el desempleo, pero los ocupados no aumentan mucho: la otra cara del mercado laboral caleño.
El DANE reportó que la tasa de desempleo promedio de Cali bajó de 12,7 % a 10,6 % entre los primeros trimestres de 2024 y 2025: una reducción de 2,1 puntos porcentuales, la más baja desde la pandemia. La caída en la tasa de desempleo siempre será una buena noticia. No obstante, hay resultados preocupantes en las cifras del mercado laboral de Cali.
Los habitantes en edad de trabajar que estaban buscando trabajo o estaban ocupados se conocen como la Fuerza de Trabajo (FT), es decir, las cantidades de trabajo ofrecidas. Al comparar el primer trimestre de 2025 con el del año anterior, hay 21 mil personas menos en la FT en Cali, un 1,8% menos: menos caleños ofreciendo su trabajo.
Adicionalmente, los datos muestran que los ocupados fueron 5 mil más; un leve aumento del 0,5%. Los desocupados fueron 26 mil menos, una caída del 17,7%. Es decir, al mismo tiempo los puestos de trabajo crecieron muy poco y los desocupados cayeron sustancialmente; esto se dio por la salida de los caleños de la fuerza laboral. El 80% de la caída en los desocupados se explica por la salida del mercado de trabajo. Así, la tasa de desempleo disminuye, en mayor medida porque hay menos personas participando del mercado de trabajo, no porque tengamos sustancialmente más ocupados.
Desafortunadamente para la ciudad, hay 12 mil personas menos trabajando en la industria, una caída del 7%. Y el comercio también presentó una caída de 23 mil puestos de trabajo, una caída del 9,7%. En total se perdieron 48 mil empleos en siete sectores económicos.
Afortunadamente, otros sectores crearon empleo. La construcción generó 11 mil empleos, un aumento del 16,6%; las “actividades profesionales, científicas, técnicas y servicios administrativos” generaron 18 mil y la “administración pública y defensa, educación y atención de la salud humana” generó 14 mil. En total se generaron 53 mil empleos que compensaron la pérdida de 48 mil, de tal manera que neto se crearon 5 mil.
Las cifras de empleo en la ciudad no son malas, pero tampoco son las mejores. Es buena noticia que baje la tasa de desempleo, pero no podemos perder de vista que sustancialmente se debe a la salida de la fuerza laboral de los caleños. Lo que está pasando con la generación de empleo en Cali podría ser mucho mejor si sectores como la industria y el comercio no estuviesen presentando una contracción de sus ocupados. Es imperativo para la ciudad generar las condiciones para mantener los puestos de trabajo existentes y atraer más inversión que genere puestos de trabajo en la industria, pero esto será muy difícil este año de grandes incertidumbres políticas y económicas en el nivel nacional.
(una version de esta columna fué publicada en el diario el País de Cali el 1ro de mayo de 2025)
https://www.elpais.com.co/economia/mercado-laboral-en-cali-hay-menos-calenos-ofreciendo-su-trabajo-0224.html
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lunes, 3 de marzo de 2025
La estabilidad fiscal en juego en 2025
El pronunciamiento del 17 de febrero de 2025 del Comité Autónomo de la Regla Fiscal (CARF) confirma lo que muchos economistas advertimos: la situación fiscal del país sigue deteriorándose y las medidas adoptadas hasta ahora son insuficientes para frenar el problema.
El 2024 deja cifras preocupantes. El déficit llegó al 6,8% del PIB, por encima del 4,3% registrado en 2023. La deuda alcanzó el 60% del PIB, cambiando la tendencia de disminución de la deuda que se había logrado entre 2021 y 2023. A pesar de estos números, el gobierno afirma haber cumplido con la regla fiscal, pero lo hizo gracias a una maniobra contable: el uso de las transacciones de única vez (TUV) por $31,9 billones aprobadas por el CONFIS. Las TUV fueron una maniobra técnicamente discutible que no se había empleado antes, que daría para muchas columnas. Sin estas operaciones extraordinarias, según las CARF, el balance primario neto estructural habría sido de -1,8% del PIB, incumpliendo la regla fiscal.
El CARF advierte que las finanzas públicas están en una posición frágil y que la presión sobre tasas de interés y la inflación se mantendrá. La caída en el recaudo tributario de 2024, que fue $71,2 billones inferior a lo programado, tendrá efectos persistentes en 2025 y más allá.
Para el 2025, la situación no mejora. El plan financiero del gobierno proyecta un déficit de 5,1% del PIB y una deuda del 60,6%, aún lejos del ancla fiscal del 55%. Para cumplir la regla fiscal, se requieren ajustes por $46 billones, ya sea en ingresos o en gastos. Sin embargo, el CARF considera que los ingresos proyectados por el gobierno son demasiado optimistas: la meta de recaudo es $34 billones superior a su estimación, lo que sugiere que el desbalance podría ser aún mayor.
Uno de los mayores problemas es el pago de intereses de la deuda, que absorberá uno de cada tres pesos recaudados. Esto limita los recursos disponibles para inversión social y obliga a tomar decisiones serias sobre la reducción del déficit. Además, según el CARF, existen presiones fiscales adicionales que no se han incluido en el escenario base, como los compromisos de gasto aplazados de 2024 y el impacto del aumento del salario mínimo, que podrían sumar hasta $28,5 billones adicionales al problema.
El CARF es claro: sin medidas estructurales, la sostenibilidad fiscal seguirá en riesgo. No basta con maniobras contables como las TUV o estrategias de manejo de caja que solo postergan el problema. Es momento de decisiones firmes: ajustar el gasto, reformar la estructura tributaria y garantizar que las finanzas públicas sean viables a largo plazo. El gobierno tiene la responsabilidad de estabilizar la economía antes de que la situación se torne aún más crítica, pero no parece que el gobierno tenga esto dentro de sus planes para el 2025 o 2026.
(Una versión de esta columna de opinión fué publicada en el diario el País de Cali el 1 de marzo de 2025)
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martes, 14 de enero de 2025
La inflación más cerca de la meta: buena noticia para Colombia.
La inflación en Colombia cerró 2024 en 5,20%, una disminución significativa respecto al 9,28% del 2023; esa es una muy buena noticia. Pero, la tarea aún no está terminada. Este resultado está por encima del rango que establece el Banco de la República (Banrep) como meta: entre el 2% y 4%.
El Banrep fija rangos metas de inflación desde 2002. Ya hay una tradición de 23 años con un rango meta: 12 veces se ha cumplido la meta (52,2 %) y 11 no. Esa meta es un objetivo de largo plazo. No importa si se esté lejos de cumplirla los próximos años, el Banrep la mantiene. Eso, en parte, le da credibilidad a la tarea del Banrep de mantener la inflación bajo control.
Estos resultados no son malos si se ven con una perspectiva histórica. De 2002 a 2009 se cumplió la meta en 50% de los años. Se dejó claro el compromiso de bajar la inflación. El rango meta terminó esa década entre 4,5% y 5%. En la siguiente, de 2010 a 2019, el rango bajó (2% - 4%) con un mejor resultado: 70% de aciertos. Esa década cerró con una inflación bajo control y sin preocupaciones. Era una variable bajo control.
La actual década está marcada por los efectos de la pandemia y sus estragos sobre la cadena logística que marcó un inicio con inflación relativamente alta a nivel mundial. En Colombia el 2020, la inflación se situó por debajo del rango meta (1,61%). El 2021, la inflación se situó levemente por encima: 5,62%. En 2022, se disparó y por primera vez en el siglo se observó una inflación de dos dígitos (13,12%). En 2023, empieza a ceder rompiendo la tendencia alcista (9,28%). En 2024 se continua la tendencia a regresar al rango meta, que se espera se logre en el 2025.
El cumplimiento de la meta de inflación hace que se mantenga su credibilidad y la legitimidad de la independencia y políticas del Banrep. Ese es un activo invaluable para el país. Cuando la meta es creíble, ésta sirve como guía para la formación de expectativas de los ciudadanos; por ejemplo, para que los empresarios fijen precios y los asalariados renegocien sus contratos.
La meta de inflación es un ejercicio de “planear” el comportamiento futuro de los precios, los cuales dependen de innumerables factores. La inflación no se puede decretar, pero el Banrep sí cuenta con la tasa de interés como herramienta para influenciar la economía y, de carambola, la inflación. El resultado del 2024 es positivo en materia de la inflación y va en la dirección correcta y legitima la institucionalidad económica del país, pero falta el último tramo.
(Una versión de esta columna de opinión fué publicada en el diario el País de Cali el 11 de enero de 2025)
jueves, 21 de noviembre de 2024
La regla fiscal amenazada: una oportunidad para decisiones responsables
El reciente pronunciamiento del Comité Autónomo de la Regla Fiscal (CARF) llama de nuevo la atención sobre la difícil situación fiscal que enfrenta el Gobierno Nacional Central (GNC) de Colombia. Según el informe, los ingresos de 2024 estarán $74,1 billones por debajo de lo programado, lo que equivale al 4,3% del PIB. Este déficit, sumado a las inflexibilidades del gasto público —como intereses, pensiones y subsidios—, plantea un reto para cumplir con la regla fiscal este año.
El CARF destaca que, aunque el Gobierno ha mostrado compromiso con la sostenibilidad fiscal, las medidas anunciadas hasta ahora son insuficientes. Se han tomado acciones, como aplazar y reducir el gasto por un total de $25 billones, pero esto deja un faltante de $31 billones para cumplir con la regla fiscal.
El CARF no se pronunció sobre los datos del PIB publicados esta semana. Preocupa que el crecimiento proyectado del 1,7% para 2024, estimado por el Ministerio de Hacienda, parece cada vez menos alcanzable. Esto no solo afecta las proyecciones económicas, sino que, al tener un PIB más bajo, el déficit fiscal como porcentaje del PIB se verá mayor. Por ese lado, los supuestos de las cuentas fiscales tampoco cuadran.
Para 2025, los retos no son menores. El CARF proyecta un riesgo de menor recaudo de que obligaría a un ajuste del gasto de $39,1 billones. La viabilidad de estas cifras depende, en buena medida, de la aprobación de una Ley de Financiamiento que aún está en debate y representaría, según las cuentas del Gobierno, $6 billones. La CARF, así como lo han hecho diversos analistas, le llama la atención a la administración sobre la necesidad de hacer cuentas menos optimistas de ingresos y ajustarlos para no comprometar la credibilidad del país en los mercados internacionales.
Las recomendaciones del CARF son claras y concuerdan con la mayoría de los analistas. Por un lado, se requiere un ajuste fiscal estructural más allá de las medidas de corto plazo de recorte de gasto cuando ya se está terminando el año. Las cuentas del próximo año deben ser claras y realistas. Así mismo, es necesario trabajar en medidas de mediano plazo que implican reducir las inflexibilidades del gasto, fortalecer la capacidad de recaudo y adoptar un patrón de gasto que este acorde con nuestro nivel de ingresos.
La regla fiscal, más que un mandato técnico, debe ser vista como un compromiso ético para asegurar el bienestar de las generaciones futuras. Los retos son inmensos, pero también lo son las oportunidades para construir una política fiscal que inspire confi
(Una versión de esta columna de opinión fué publicada en el diario el País de Cali el 21 de noviembre de 2024)
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miércoles, 13 de noviembre de 2024
Timing de la agenda legislativa: no ayuda a la estabilidad fiscal.
Las finanzas públicas del Gobierno Nacional Central (GNC) afrontan un problema: los ingresos no alcanzan para cubrir los crecientes gastos. Este es un problema estructural que no se ha podido solucionar. En lugar de mejorar esta situación, las iniciativas del gobierno han profundizado el problema. La apuesta inicial por una reforma tributaria que incrementara el recaudo no ha dado los frutos esperados; al contrario, los ingresos fiscales han disminuido. Y los gastos sí han aumentado sustancialmente. Esta situación ha obligado al Ministerio de Hacienda a anunciar recortes en el presupuesto. Aunque estos recortes son una señal positiva de responsabilidad, no abordan el problema de fondo. Y dejan en claro que se hicieron cuentas alegres.
A la par, proyectos de Ley en el Congreso no ayudan a aclarar el panorama de las finanzas públicas. Por ejemplo, el proyecto de iniciativa parlamentaria de reforma al Sistema General de Participaciones genera gran incertidumbre. Si bien esta iniciativa busca fortalecer el desarrollo regional y la descentralización (lo cual es deseable), le añade incertidumbre a las cuentas del GNC en el largo plazo. La reforma implica que más dinero del GNC se irá a los departamentos y municipios. Esto reduce el ingreso disponible para el GNC. Por el lado de los gastos, no es claro dónde se recortará. Si bien el proyecto de reforma condiciona la aplicación de ésta a la aprobación de una reasignación de gastos y responsabilidades del GNC a los regionales, no es claro cómo será esto. Aquí el orden de los factores sí es muy importante. Quitar ingresos sin quitar gastos genera mucho temor en los resultados finales de las finanzas públicas. Esta reforma aumenta el temor que la carga sobre el GNC aumente aún más.
Otros ejemplos de proyectos que generan incertidumbre por el orden en que se presentan son el proyecto fallido de presupuesto para el 2025 y, después, la Ley de financiamiento, que actualmente trata de encontrar los ingresos para pagar el presupuesto desfinanciado del 2025. Esto trae más nubarrones sobre las finanzas públicas.
Estos dos episodios de este año son un ejemplo de que el “timing” en la presentación de proyectos de Ley son importantes para generar tranquilidad sobre el futuro de las finanzas del país. Es fundamental que el Congreso y el Gobierno trabajen juntos en proyectos y su “timing” para aportar a la certidumbre y viabilidad a largo plazo. Las decisiones que se tomen ahora deben ser un pilar de confianza para las finanzas del país y no otra fuente de preocupación. Solo con una política fiscal bien estructurada y realista lograremos devolverle a las finanzas públicas la solidez necesaria para enfrentar los desafíos que se avecinan y garantizar el desarrollo sostenido del país.
(Una versión de esta columna de opinión fué publicada en el diario el País de Cali e1 13 de noviembre de 2024)
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martes, 11 de junio de 2024
Ajustes inevitables
Las cuentas fiscales de un gobierno no son diferentes, en su esencia, a las de un hogar. Los gastos se deben pagar con los ingresos y si no alcanza, recurrir al crédito. Y los principios detrás de manejar bien las finanzas públicas tampoco son diferentes a los que deberíamos tener en nuestros hogares: no debemos gastar más allá de lo que nos entra. Es esencial que un gobierno, al igual que un hogar, viva dentro de sus posibilidades financieras y no dependa constantemente de préstamos. En Colombia, la regla fiscal asegura que la administración de turno no pueda desmedirse en gastos y endeudamiento.
Lo que está ocurriendo con las finanzas públicas del gobierno central durante los últimos días es el resultado de que se materializó algo que era evidente para buena parte de los analistas económicos. El presupuesto que presentó la administración para el 2024 cuadraba en el “Excel” del Gobierno gracias a supuestos muy optimistas sobre los ingresos. El listado de esos supuestos alegres es grande y algunos conocidos. Un ejemplo de supuestos no tan conocidos es que se esperaba un impacto grande en el PIB y por tanto en el recaudo desde el 2024 de la política del gobierno de reindustrialización. Política que no ha tenido los frutos que esperaban.
Tras 5 meses del 2024 es evidente que no se cumplirán esos supuestos de ingresos. Los ingresos no cuadran en la realidad y la capacidad de endeudamiento está cercana al tope, entonces es necesario recortar el gasto para cumplir la regla fiscal.
Lo responsable y lo que está haciendo el ministro de hacienda es recortar el gasto, por ahora, en 20 billones. Es importante sincerar las cuentas del Gobierno. El monto del recorte es aproximadamente el 4% del total del presupuesto de gastos para el 2024. Parece aún insuficiente. Con cálculos conservadores, podrían estar faltando unos 25 billones de pesos más de recorte.
Si bien el recorte puede ser insuficiente, éste si produce una buena señal y en la dirección correcta. La administración está comprometida con balancear sus cuentas y cumplir la regla fiscal. Una de las implicaciones del recorte es mandar las señales correctas a los mercados y a los prestamistas de que se están tomando medidas para ajustarse a la realidad fiscal. Esta señal no se puede menospreciar, de esto depende la confianza en el país, el precio del dólar y la disponibilidad de crédito. Es muy importante que se sigan implementando acciones para garantizar la sostenibilidad de las finanzas públicas. La estabilidad de las cuentas fiscales es fundamental para el desarrollo económico a largo plazo.
(Una versión de esta columna de opinión fué publicada en el diario el País de Cali el 11 de junio de 2024)
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miércoles, 29 de noviembre de 2023
¿Se cumplirán las proyecciones (del PIB para el 2023)?
Pronosticar el crecimiento del PIB es una tarea compleja que requiere el análisis de múltiples factores. Las diferentes instituciones y analistas construyen sus modelos para sintetizar en un número lo que se espera crezca la economía dadas las condiciones globales y las políticas del gobierno.
Por ejemplo, Fedesarrollo está esperando un crecimiento del PIB en 2023 del 1,5%. El Banco Mundial en octubre había revisado a la baja la proyección de crecimiento para Colombia para el 2023, pasándola de 1,7% a 1,5%. El pasado 7 de noviembre, el Banco de la República actualizó su proyección de crecimiento del PIB para el año 2023, pasándola de 0,9% a 1,2%.
Por otro lado, el gobierno, en cabeza del Ministerio de Hacienda, presenta su proyección de crecimiento que incluye la materialización de sus políticas públicas. Mas que una proyección ésta se convierte en la meta de crecimiento del Gobierno para el año. El Ministerio de Hacienda, en el Marco Fiscal de Mediano Plazo publicado en junio de 2023, tenía como crecimiento del PIB para el 2023 el 1,8%. Una meta más grande que los analistas mencionados.
Los resultados del PIB para el tercer trimestre de 2023 publicados por el DANE el pasado 15 de noviembre mostraron un crecimiento negativo de 0,3% del tercer trimestre de 2023 frente al mismo periodo del 2022. Si se considera lo corrido del año 2023, frente a los tres primeros trimestres del 2022, el PIB creció el 1,0%. Con estos resultados parece muy difícil que se logre la meta.
Para cumplirse la meta del gobierno, se requeriría un crecimiento del último trimestre del 4,0% frente al cuarto trimestre del 2022. Esto parece casi imposible, con las tasas de crecimiento (anuales) observadas en este año para los primeros tres trimestres: 3,0%, 0,4% y -0,3%, respectivamente. Es más, lo más común desde 2010 es que el crecimiento del último trimestre sea más bajo que el del tercero (61,5% de los años). El cumplimiento de la meta de crecimiento para el 2023 del gobierno difícilmente se cumplirá.
Para que se cumpla el pronóstico inicial del Banco de la República (0,9%), se requeriría un crecimiento anual del cuarto trimestre de 0,6%. Este crecimiento para el cuarto trimestre del 2023 parece relativamente alto. Tampoco parece que se cumplirán las proyecciones iniciales del Banco de la República y de entidades como el Banco Mundial y Fedesarrollo.
Las implicaciones del no cumplimiento de la meta de crecimiento van más allá de una anécdota. Por ejemplo, podría generar un déficit fiscal más grande el 2024 o la necesidad de repensar el gasto del 2024. Los ingresos fiscales del 2024 dependen del PIB del 2023 y el gasto no. Esto hace necesario que el gobierno repiense los gastos y presupuesto de ingresos para el 2024.
(Una versión de esta columna de opinión fué publicada en el diario el País de Cali el 29 de noviembre de 2023)
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viernes, 17 de noviembre de 2023
Retos ante la caída en la inversión
Los resultados del PIB publicados por el DANE revelan tendencias preocupantes. Es alarmante el crecimiento negativo del tercer trimestre de 2023 frente al mismo periodo del 2022 del 0,3%. Esta caída no estaba prevista por la mayoría de analistas. Se esperaba un crecimiento bajo, pero positivo.
Llama la atención la inversión en maquinaria y equipo; cayó en 15,8%. Presentando una tendencia preocupante. En lo que va corrido de este año la inversión en maquinaria ha venido acelerando su caída, pasando de una caída del 7,8% en el primer semestre a una del 13,8% en el segundo.
No invertir en maquinaria y equipo hoy implica un debilitamiento de la capacidad productiva de las empresas en el futuro. De mantenerse esta tendencia, esto puede llevar a una menor producción, una menor eficiencia, un aumento de los costos y, en última instancia, a una disminución de la competitividad.
Además, esta desaceleración en la inversión podría tener un efecto dominó en otros indicadores. Por ejemplo, puede afectar la demanda de mano de obra en la industria manufacturera, lo que a su vez puede influir en las tasas de desempleo.
Aún es muy temprano para conocer con certeza las causas de la caída en la inversión, es innegable que hay variables que están relacionadas con la inversión. Entre estas variables, la tasa de interés juega un papel crucial. Lo ideal en una situación como la actual sería tener espacio para bajar la tasa de interés. Pero la inflación de dos dígitos no permite al Banrep bajar las tasas. El Banrep debe escoger entre atajar la inflación con tasas de interés altas o bajar la tasa y correr el riesgo de una aceleración de la inflación. El Banrep está haciendo su tarea. No se debería seguir haciendo presión a la junta en este sentido.
Pero la tasa de interés no es la única variable importante para la inversión. Es fácil argumentar que en estos momentos no es la más importante. La incertidumbre es grande; por ejemplo, el fenómeno del niño genera dudas en los precios y el suministro de energía; el escalamiento del conflicto entre Israel y Palestina genera incertidumbre sobre el impacto en la economía global. Y localmente, el ambiente no mejora.
En ningún lugar del mundo, se observará un aumento de la inversión si el ambiente de los negocios es incierto. Presionar al Banrep a que baje las tasas, declaraciones de nuevos impuestos, de eliminar la regla fiscal o no tener claro el impacto fiscal de las reformas que están en trámite en el congreso generan gran incertidumbre. Es el momento que la administración actual se dedique a generar un clima de confianza y estabilidad. Esto implica evitar cambios abruptos de políticas y mantener un diálogo abierto con los inversionistas y la comunidad empresarial.
(Una versión de esta columna de opinión fué publicada en el diario el País de Cali el 17 de noviembre de 2023)
sábado, 30 de septiembre de 2023
Las regla fiscal no se debe modificar
Colombia cuenta con dos instituciones que garantizan la estabilidad y viabilidad del país en largo plazo: la independencia del Banco de la República y la regla fiscal; la primera genera el marco para la política monetaria (impresión de dinero y tasas de interés) y la segunda es el marco para la política fiscal.
La regla fiscal implica un conjunto de reglas de juego que enmarcan cómo se puede realizar el gasto público del gobierno nacional y cómo se puede endeudar. Es común que los hacedores de política fiscal en ejercicio vean la regla fiscal como una camisa de fuerza. Pero realmente no es una camisa de fuerza, es un código de buen comportamiento. Asegura que la administración de turno no pueda desmedirse en gastos y endeudamiento. Su cumplimiento permite, entre muchas cosas, que los prestamistas estén tranquilos que se les pagará manteniendo las tasas de interés relativamente bajas. Y evita que una administración gaste desmedidamente y deje la olla raspada para la siguiente.
Las dos reglas de juego más importantes establecen cómo se debe cubrir los gastos y el límite de la deuda. Los gastos recurrentes (estructurales) deben pagarse con ingresos recurrentes. Esto es el equivalente en los hogares de una regla sana como: el mercado y el arriendo debería pagarse con los ingresos típicos del mes (ingresos recurrentes) y no a punta de préstamos (deuda) o ingresos eventuales como el premio de un chance (ingreso no corriente) o las horas extras extraordinarias que se trabajaron en un mes por cubrir a un compañero que estaba enfermo por una gripa. La regla además establece un límite a la deuda del gobierno nacional (71% del PIB), pero una meta recomendable (ancla) del 55% del PIB. Es decir, para no generar alertas, la deuda acumulada no puede ser más del 55 de todo lo que produce la economía en un año.
Recientemente el director de Planeación Nacional anunció que el gobierno está pensando en modificar la regla fiscal para que los gastos para el “salvamento de activos ambientales” no se “introduzcan como una parte del gasto de la inversión corriente“. Este anuncio generó reacciones en contra. Esto es cambiar las reglas de juego y abrir un espacio para que después otro tipo de gastos deseables también se salten la regla. Después podría llegar una administración que argumente la necesidad del gasto en defensa o en educación y modifique la regla.
Esta regla está para evitar eso, la discrecionalidad de una administración. No hay que olvidar que gasto es gasto. Sin importar que tan noble o loable sea la finalidad del gasto, éste se debe cubrir con los ingresos. Un gasto recurrente debe pagarse con ingresos recurrentes.
(Una versión de esta columna de opinión fué publicada en el diario el País de Cali el 30 de septiembre de 2023)
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martes, 2 de junio de 2020
Lo pero no pasado (empleo en Cali en épocas de la Covid-19)
Es un momento muy complicado para el aparato productivo de Colombia y del Valle. Sin duda, no hemos vivido un choque de esta magnitud. Es como si el aparato productivo fuera un boxeador que acaba de ser enviado a la lona y apenas le empiezan a hacer el conteo de protección. Empieza a entender durante ese conteo qué tan fuerte fue el golpe.
Bueno, ya tenemos los primeros datos de empleo que permiten entender en esos momentos iniciales del “conteo de protección” qué tan delicado fue el golpe y si podrá reponerse rápidamente o no.
El DANE reporta para las principales ciudades del país la tasa de desempleo promedio para los últimos tres meses. Eso se hace para evitar la estacionalidad. Todo este detalle técnico para decir que el último dato que publicó el DANE corresponde al promedio de los meses de febrero a abril. Así este dato no captura aún el tamaño total del “golpe” recibido, pues el mes de febrero aún no estábamos en la emergencia sanitaria.
Veamos pues que nos dicen estos datos. La tasa de desempleo promedio para el periodo se ubicó en 16,7%, frente a un 13,2% en 2018, 11,3% en 2017 y 11,2% en 2016. Es decir, ya tenemos una tasa de desempleo mas grande pero aún no parece un golpe muy fuerte. Históricamente la tasa de desempleo más alta que hemos visto en este siglo en Cali fue en el periodo enero-marzo de 2001 con una tasa de 20,5%. Estamos un poco lejos de esa tasa, pero otra vez, aún no tenemos los datos completos del golpe.
Veamos en detalle las cifras. En el mercado laboral hay tres cantidades importantes: los ocupados, los desocupados y la suma de estas dos cantidades que es la fuerza laboral o también conocida como la población económicamente activa. Para los ocupados promedio entre febrero y abril de 2020 tenemos 169 mil menos que en el mismo periodo de 2019 equivalente a un caída del 13,6%. En Medellín los ocupados cayeron en un 10,6% y en Bogotá 12,5%.
Por el lado de los desocupados, estos crecieron en Cali en 26 mil desocupados (en promedio) frente al mismo periodo del año anterior. Esto equivale a un crecimiento del 14%. En Medellín, los desocupados crecieron en un 28,6% y en Bogotá 9,7%.
Ahora, la tasa de desempleo en Cali no es más grande porque tenemos 143 mil caleños menos participando del mercado laboral. Estos salieron del mercado laboral; es decir no están ni ocupados ni buscando trabajo. Esto implicó una caída del 10%. En Medellín cayó en un 5,6% y en Bogotá la caída fue de 9,8%.
En resumen, aún no podemos dimensionar el tamaño del “golpe”. El golpe evidentemente es y será grande. Su efecto se debe notar en pleno en el indicador del próximo mes cuando tendremos los datos para el promedio de marzo, abril y mayo. Si en junio se empieza a prender el aparato productivo de la ciudad a un ritmo más rápido que en mayo, debería ser cierto que la tasa de desempleo más baja que experimentemos sea la del periodo marzo-mayo y de ahí en adelante todo debería ser una recuperación de este indicador.
(Una versión de esta columna de opinión fué publicada en el diario el País de Cali el 30 de mayo de 2020)
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viernes, 13 de marzo de 2020
Dólar en Colombia: la tormenta perfecta
El precio del dólar en Colombia refleja la escasez o abundancia relativa del dólar. En estos momentos, como nunca en la historia reciente, se han unido dos fuerzas creando la tormenta perfecta. Por un lado, el dólar es refugio literalmente de todo el mundo. Cuando ocurren crisis, actos terroristas grandes o catástrofes naturales alrededor del mundo, los inversionistas convierten sus activos en dólares para protegerse en la economía mas robusta y a la vez garantizar que en sus manos tienen la moneda mas aceptada alrededor del mundo. Aún si los problemas son en Estados Unidos, el dólar es el refugio preferido.
En esta ocasión, el coronavirus (covid-19) está afectando las economías alrededor del mundo. Y esta semana ya sentimos en Colombia que la pandemia está aquí. Ya es evidente que existirán efectos en el nivel de actividad económica. Esto genera un ambiente de incertidumbre que hace que los inversionistas estén buscando dólares. Desde la crisis financiera de 2008, no habíamos visto un apetito tan grande en todo el mundo por el dólar. La demanda está creciendo rápidamente y nada indica que esta parará.
Por otro lado, la oferta de dólares en el país se está contrayendo. Los dólares de las exportaciones no alcanzan para pagar las importaciones y la diferencia se cubre con entradas de inversiones. Eso no es malo en condiciones normales sino dependiéramos tanto de las exportaciones de petróleo. En enero de 2020, el petróleo representó el 37,8% de las exportaciones. Cuando el precio del petróleo cae, disminuye el flujo de dólares al país y por tanto la oferta de dólares en el país cae.
El coronavirus (covid-19) ha reducido la demanda de combustibles en el mundo. Se han cancelado vuelos, se ha reducido la movilidad, etc. Por tanto, el precio del petróleo se cayó. En el pasado reciente solo en 1993, 2008 y 2009 se presentaron caídas en la demanda de petróleo de un año a otro. En 2020, caerá Y esto está poniendo nervioso a todos los actores de ese mercado. Lo que necesariamente implicará la necesidad de un acuerdo entre los productores para recortar la producción y evitar la caída del precio a los niveles de 20 dólares el barril.
Iniciamos la semana con el intento fracasado de la OPEP, liderado por Arabia Saudita, de reducir la producción de. No se tuvo éxito al no poder incorporar a Rusia, que, es un jugar muy importante de este mercado. No solo no se alcanzó el acuerdo, sino que llegamos a una pelea de precios entre Arabia Saudita y Rusia que le echa “leña a la hoguera”: los precios están cayendo aún más. En 2016, el precio del petróleo no cayó por debajo de los 26 dólares por barril gracias a que Rusia acordó bajar su producción uniéndose a la OPEP.
Así, el futuro del dólar en el corto plazo no es bueno. Tendremos que acostumbrarnos a un dólar relativamente alto, por lo menos en el próximo semestre. Hasta que no exista un acuerdo en la producción de petróleo entre OPEP y Rusia los precios del petróleo no dejarán de caer. Es claro que esta situación no es sostenible. Debemos estar cerca de un acuerdo, pues el costo fiscal para Rusia es alto y no podrá mantener esta posición. Con seguridad estaremos viendo unas próximas semanas con una volatilidad del dólar aún más alta. Son momentos de sentarse a esperar, no tomar decisiones aceleradas y mantener la calma.
(Una versión de esta columna de opinión fué publicada en el diario El País de Cali el 13 de marzo de 2020)
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domingo, 16 de febrero de 2020
¿Es bueno un crecimiento del PIB del 3,3%?
Un crecimiento del PIB del 3,3% para 2019 a primera vista parece un resultado no tan bueno. En Colombia ha hecho carrera el número mágico del crecimiento alrededor del 4% como un crecimiento razonable. Pero, los resultados del crecimiento económico para el 2019 son relativamente buenos al considerarse el contexto internacional.
En 2019, el crecimiento del PIB colombiano del 3,3% es un crecimiento relativamente alto. Este crecimiento es superior al de países de la región. Según el FMI, se estima que Perú, Chile y México crecieron un 2,6%, 2,5% y 0,4%, respectivamente. Este crecimiento es superior también al de los Estados Unidos (2,4%), Canadá (2,5%), Alemania (0,5%), España (2,2%) y Francia (1,2%).
Pero no nos comparemos con otros países y miremos en el mismo contexto colombiano esta cifra. Recordemos un poco de donde venimos. En este siglo, el peor crecimiento fue en 2009 con un 1,2%. Después de ese año, solo le sigue 2017: crecimiento del 1,4%. Pero recordemos que pasaba en 2009, un año después de la última crisis financiera más grande alrededor del mundo, la economía colombiana inició un proceso de recuperación creciendo 4,3% en 2010 y un espectacular 7,4% en 2011; el año de mayor crecimiento del PIB en lo que va corrido del siglo. Después de 2011, la tasa de crecimiento del PIB regreso a niveles del 4,0% aproximadamente por 3 años para empezar una desaceleración desde 2015 que duraría 3 años. Tocando fondo la desaceleración en 2017 con un crecimiento de 1,4%. En 2018, el crecimiento del PIB se volvió a acelerar levemente con un 2,5%.
Así, en perspectiva, el último rebote de la economía (el de 2010) fue mas vigoroso que el que vimos en 2018 y 2019. Pero el ambiente internacional hoy es muy diferente a 2010. En 2010, casi todas las economías rebotaron vigorosamente; por ejemplo, según el FMI el PIB de la Unión Europea creció el 2,2% y Latinoamérica como un todo creció un 6,14%, China 9,2%, y Estados Unidos aún no se recuperaba de su gran crisis. Nosotros en ese contexto crecimos 4,3%.
Ahora, la cosa es algo diferente. Según el FMI, la Unión Europea crecerá en 2020 1.4% algo similar al 1.5 % del 2019. Latinoamérica creció en 2019 0,2 % y en 2020 crecería un 1,8%. China creció en 2019 6,1% y en 2020 crecería un 5,8%, manteniendo la tendencia de desaceleración en su crecimiento. Y Estados Unidos presentó un crecimiento de 2,4% en 2019 y se espera algo cercano al 2,1% para 2020. Es decir, el ambiente internacional no era tan dinámico en 2018 y 2019 como lo fue en 2010. Esto hace que el repunte de la economía colombiana en contexto no sea despreciable y se pueda calificar como un buen crecimiento. Así, la economía colombiana no obstante los grandes retos que tiene y el gran problema de desigualdad y de desempleo que tenemos sigue mostrando su gran estabilidad.
(Una versión de esta columna de opinión fue publicada en el diario el País de Cali el 15 de febrero de 2020)
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miércoles, 22 de enero de 2020
viernes, 17 de enero de 2020
Sobre el cumplimiento de la meta de inflación en la década.
La inflación del 2019 fue de 3,8 %. Este valor, es superior a lo observado en 2018 (3,18 %) y se encuentra en el rango meta establecido para la inflación por el Banco de la República. La meta era una banda entre el 2 % y 4 %. Un buen resultado para cerrar la década con la inflación anual promedio más baja el historia de Colombia: 3,85%. Esto es casi la mitad de la inflación entre 2000 y 2009 (6,0%) y 5,6 mas pequeña que entre 1990-1999 (21,4%). Una inflación de dos dígitos como se vivió durante todo el siglo pasado (a excepción de 1999 con un 9,23%) están lejos de nuestro imaginario, esto gracias entre otras cosas a las acciones del Banco de la República y de su independencia del ejecutivo que le debemos a la Constitución de 1991.
Regresemos a la banda. Es importante recordar que el Banrep empezó a fijar rangos como metas de inflación desde el año 2002, después de 9 años de estar fijando metas puntuales (de 1993 a 2001). Es decir, ya hay una tradición de 18 años con un rango meta para la inflación. De esos 18 años, 9 veces se ha cumplido la meta y 9 no. Es decir, un record de 50 % de incumplimiento de las metas.
Pero si nos concentramos en la última década, el record es mucho mejor. De 2010 a 2019, en cuatro años no se cumplió la meta. La década inició con un nuevo rango meta al pasar de una banda que se fijo en 2009 entre 4,5% y 5,5% a una banda más baja: entre el 2 % y 4 %. Meta que se mantiene hasta hoy. En 2010, 2011 y 2012 se cumplió de nuevo la meta. Es decir, una racha de 3 años de cumplimiento.
Para el 2013, la inflación se ubica un punto por debajo del rengo meta (inflación de 1,9 %). Para el 2014, la inflación regresa a estar en el rango meta (inflación de 3,6 %). Y en 2015 no se cumple la meta. El “descache” fue de un 69,3% solo comparable con el que ocurrió en 2008 (70,4 %). Para el 2016 no se cumplió nuevamente la meta. La inflación fue de 5,75 %. Un “descache” del 43,7 %; el tercero más alto en estos 16 años de historia de rangos meta. Para 2017, no se acertó, pero esta vez se quedó muy cerca. Un “descache” del 2,3 %. Así, se cumplieron nuevamente una racha de tres años en los que no se consumaba la meta y la inflación estaba por encima de la banda meta. Esto no había ocurrido en los 16 años de historia del rango meta para la inflación.
Finalmente, para los dos últimos años de la década la inflación se ubica nuevamente al interior del rango meta. Es decir, en los últimos 10 años, en tres años no se cumplió la meta al encontrarse con una inflación por encima de la banda. Un 30% de “descache”. En un año la inflación se situó por debajo de la meta, no tan delicado y en los otros 6 años, la meta se alcanzó. En otras palabras, el 70% de los años se obtuvieron los resultados esperados por el Banco Central.
¿y es esto bueno? Es importante resaltar que el cumplimiento de la meta de inflación hace que se mantenga la credibilidad de las metas fijadas por el Banco Central. Ese es un activo invaluable para el país. Cuando la meta es creíble, ésta sirve como guía para la formación de expectativas de los ciudadanos; pero si ésta no es creíble no se tomará en cuenta por parte de los empresarios al momento de fijar precios, ni por los asalariados al mome nto de renegociar sus contratos.
La meta de inflación es un ejercicio de “planear” el comportamiento futuro de los precios, los cuales dependen de innumerables factores. La inflación no se puede decretar. Pero el Banrep si cuenta con herramientas de política para acercar la inflación a su meta o puede cambiarla si cree que no la cumplirá. Si las metas no se cumplen (o se alejan mucho de la realidad), la siguiente meta pierde credibilidad y el público en general no emplea esa información para tomar decisiones. Así, el resultado para la década es positivo en materia de la inflación.
(una versión de esta columna de opinión fue publicado en el diario el País de Cali el 17 de enero de 2020)
lunes, 11 de marzo de 2019
Resultados del PIB generan moderado optimismo.
Julio C. Alonso, Director del Centro de Investigaciones en Economía y Finanzas de la Universidad Icesi, Cienfi. jcalonso@icesi.edu.co --- www.juliocalonso.blogspot.com
El crecimeinto del PIB en 2018 de 2,7% no es malo. Se ratifica que la caida en el ritmo de crecimiento de los tres años anteriores paró y la economía colombiana da señales de estar retomando una senda de crecimiento acelerado. Esa es una buena noticia.
Recordemos un poco de donde venimos. En este siglo, el peor crecimiento fue en 2009 con un 1,2%. Después de ese año, solo le sigue 2017: crecimiento del 1,4%. Pero regresando al 2009, un año después de la última crisis financiera más grande alrededor del mundo, la economía colombiana inició un proceso de recuperación creciendo 4,3% en 2010 y un espectacular 7,4% en 2011; el año de mayor crecimiento del PIB en lo que va corrido del siglo. Después de 2011, la tasa de crecimiento del PIB regreso a niveles del 4,0% aproximadamente por 3 años para empezar un declive desde 2015 que duraría 3 años.
Así, en perspectiva, el último rebote de la economía (el de 2010) fue mas vigoroso que el que vimos en 2018. Pero el ambiente internacional hoy es muy diferente a 2010. En 2010, casi todas las economías rebotaron vigorosamente; por ejemplo, según el FMI el PIB de la. Unión Europea creció el 2,2% y Latinoamérica como un todo creció un 6,14%, China 9,2%, y Estados Unidos aún no se recuperaba de su gran crisis. Nosotros en ese contexto crecimos 4,3%.
Ahora, la cosa es algo diferente, según el FMI, la Unión Europea crecerá en 2019 algo similar al 2018: alrededor de 1,8%. Latinoamérica creció en 2018 1,1% y en 2019 crecería un 2,0%. China creció en 2018 6,6% y en 2019 crecería un 6,2%, manteniendo la tendencia de desaceleración en su crecimiento. Y Estados Unidos presentó un crecimiento de 2,88% en 2019 y se espera algo cercano al 2,5% para 2019. Es decir, el ambiente internacional no era tan dinámico en 2018 como lo fue en 2010. Esto hace que el repunte de la economía colombiana en contexto no sea despreciable.
Ahora concentrémonos en Colombia. El sector de minas y canteras, que es uno de los motores del crecimiento económico en Colombia de este siglo, cayó 0.1%. Este sector venia desde 2014 en contracción, y el resultado de 2018 implica un cambio de tendencia gracias al sector petrolero. En especial, en la segunda mitad del 2018, los precios del petróleo estuvieron relativamente altos, llegando a niveles de 80 dólares el barril. Pero el precio del petróleo a caído y en el primer trimestre de 2019 ha estado un poco por debajo de lo que ocurrió en el mismo trimestre de 2018. Es decir, este año podría ser similar al anterior pero a menos que ocurra algo raro no se espera un gran crecimiento de este sector. El sector de Administración pública continuó con un crecimiento alto como en 2017, con un 3,9%. Este sector no debería crecer tanto en 2019 dada las restricciones fiscales.
Por otro lado, el sector de la industria creció 2,5 % en 2018, recuperándose del -1,8% de 2017. Para 2019 este sector enfrenta grandes retos. Por ejemplo, si el dólar se mantiene en niveles por debajo de los 3100 pesos por dólar, esto puede incentivar las importaciones de productos industriales y encarecer nuestras exportaciones industriales. Así, este sector difícilmente será el motor del crecimiento en 2019.
El sector que llama la atención es la construcción con un crecimiento de 4,2 %. La construcción de viviendas y edificaciones creció 4,4% después de un ritmo muy bajo en los años anteriores. Y las obras civiles empezaron a moverse (5,5%) en 2018, frente a la caída de 0.6% de 2017. Así, la dinámica de la construcción dependerá de la demanda de vivienda que está siendo incentivada por el gobierno con subsidios y de las grandes obras civiles conocidas como las 4G que en buena parte ya tienen cierres financieros y empezaron su proceso de construcción. Así este sector parece tener la clave para mantener y aumentar el crecimiento económico en 2019.
Para terminar, los datos oficiales muestran de manera clara que la economía colombiana empezó a crecer de nuevo. Para mantener este crecimiento en 2019 y mejorarlo el sector de la construcción será muy importante.
(Esta columna de opinión fue publicada en el diario el País de Cali el 11 de marzo de 2019)
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lunes, 26 de noviembre de 2018
Gran Acuerdo (por productos intocables) por el IVA
Ya es claro que un IVA universal es inaceptable por la opinión pública y los partidos políticos difícilmente aceptarán en el futuro una propuesta de estas. La discusión de las últimas semanas y el consenso político debería podernos llegar a algunos acuerdos para el futuro del IVA.
Independientemente de la coyuntura actual, es evidente que el gobierno de turno siempre tiene el incentivo de gravar más productos para aumentar el recaudo, disminuir la evasión de este tributo y facilitar la administración del tributo. Por otro lado, más productos gravados implica una perdida de poder adquisitivo que afecta sustancialmente a los hogares de bajos ingresos. Por eso, mas allá de la coyuntura, de las necesidades de más recursos, del lobby que hagan los gremios económicos y de los intereses políticos, de pronto es momento de un gran acuerdo nacional sobre los bienes que no son deseables de ser gravados con IVA para eliminar estos elementos de las discusiones futuras.
Por ejemplo, ¿qué tal si nos podemos de acuerdo en una “lista de mercado básica saludable” que garantice las necesidades nutricionales de los colombianos en diferentes regiones y que no sería gravada? Esa lista podría ser construida por nutricionistas y otros profesionales de la salud para garantizar que los productos incluidos permiten una sana nutrición de los colombianos, en especial de los de bajos ingresos. Esto podría minimizar la discusión política alrededor de este tributo ahora y en el futuro.
En la actualidad contamos con un listado de productos que el DANE emplea para calcular el IPC y la inflación. Se llega a dicho listado empleando una encuesta a los hogares que permite determinar cómo nos gastamos nuestros ingresos. Pero esa canasta no es una canasta “ideal”, ésta refleja qué compramos. Por eso, en ella podemos encontrar gaseosas, paquetes de papitas, frutas y hortalizas y hasta los cigarrillos se encuentran en esa canasta. Esta canasta típicamente se denomina “canasta familiar”.
A la hora de las discusiones de reformas tributarias se entra en un terreno fangoso cuando se discute si se debería grabar la “canasta familiar” o no. Y claro esto nace de la misma ambigüedad del término. De pronto un acuerdo por una “lista de mercado básica saludable” de origen científico podría ayudar un poco en despolarizar la discusión.
De hecho, en 2017 unos investigadores australianos demostraron que eliminar la exención de un impuesto similar al IVA a alimentos saludables genera cambios en patrones de comportamiento de los hogares de bajos ingresos que generarían una mala alimentación y problemas de salud futuros. Si contásemos con la “lista de mercado básica saludable” podríamos evitar este impacto indeseable de largo plazo, que en últimas significa la necesidad de gastar más recursos en salud en el futuro. La “lista de mercado básica saludable” permitiría minimizar la lista de productos exentos.
(Una versión de esta columna de opinión fue publicada en el diario el País de Cali el sábado 24 de noviembre de 2018)
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miércoles, 14 de noviembre de 2018
Ley de Financiamiento: ¿Hay opciones para el IVA?
Es evidente que los ingresos del Gobierno no alcanzan para pagar los gastos; solo para el próximo año faltarían $14 billones. Por eso, el gobierno actual se encuentra en una encrucijada: aumenta los impuestos o disminuye el gasto. Pero también es claro que el país necesita mantener el nivel de gasto social y aumentarlo para generar equidad. Así el ajuste debería ser más por el lado de los ingresos que del gasto social.
La propuesta de aumentar el recaudo que se presenta en el Proyecto de Ley de Financiamiento (PLF) tiene tres estrategias claras para aumentar el recaudo. Primero el aumento del IVA y un mecanismo de compensación para familias de bajos ingresos, segundo el aumento del impuesto de renta a los colombianos que ganan más de $21 millones mensuales al tiempo que se disminuye la carga para las empresas y tercero un impuesto a patrimonios mayores de 3 mil millones de pesos para los dos próximos años.
Sobre las dos últimas estrategias (impuesto a la renta y al patrimonio) no hay tanta discusión. Van en la dirección correcta son progresivos; es decir, implican que aquellos colombianos de mayores ingresos paguen más. Al mismo tiempo hace más competitiva la estructura impositiva para las empresas al reducir la tasa de rente para estas. Según la exposición de motivos del gobierno, estas dos últimas estrategias recogerían $3.3 billones en 2019. Si a eso se le agrega unas mejoras muy optimistas en la administración tributaria, según las cuentas del gobierno, se aumentarían $ 2 billones más. Es decir, quedan faltando $8,7 billones.
Ahora concentrémonos en el IVA y el mecanismo de compensación que es la parte del PLF que generaría la mayor cantidad de recursos y la reforma más impopular y con más costos sociales y políticos. Un componente que el gobierno ya ha reconocido implícitamente deberá modificar.
El IVA, al no concentrarse en el ingreso de las personas, sino en lo que se compra es un tributo que no es progresivo; es regresivo. Es decir, los hogares de bajos ingresos pagan una mayor proporción de su ingreso que los de ingresos altos. Esto está documento desde el inicio de este tipo de tributos. No obstante, esta regresividad del IVA, éste es un tributo de fácil recaudo que se ha convertido en una herramienta indispensable alrededor del mundo para financiar el gasto. Se supone que, por medio del gasto social, se les debe devolver a los hogares de bajos ingresos beneficios que compensen el pago.
Por un lado, la PLF implica una disminución de la tarifa general que pasaría de 19 a 18% en 2019 y a 17% en 2022. Por otro lado, implica un cambio trascendental en la lista de artículos que son gravados con IVA. En la actualidad existen una lista grande de artículos que no pagan IVA (exentos y excluidos), pero con la PLF se hace casi universal la lista de productos que deben pagar IVA y se reduce a un mínimo histórico el listado de productos que no pagan este tributo. Esto implica que bienes importantes en el gasto de los hogares y en su nutrición pasen a pagar IVA. Por ejemplo, arroz, papas, tomates, hortalizas, coles, repollos, coliflores, lechugas, zanahorias, rábanos, pepino, yuca, bananos, mangos, lulos y otras frutas pagarián una tarifa general del 18%. Fuentes de proteína como la carne de res, de cerdo y de pollo pasarían a pagar tambien el 18%. Solo quedarían excluidos productos como medicamentos y vitaminas, transporte público terrestre, servicios de salud, servicios públicos y servicios de educación. Si sólo tenemos en cuenta el arroz, la papa, la yuca, el platano, las hortalizas y legumbres, las frutas y las carnes, esto suma el 13% del peso en la canasta de las familias de ingresos bajos que se considera para el cálculo de la inflación. Es decir, el 13% de lo que cuesta lo que típicamente compran los hogares de “ingresos bajos”. Para “ingresos medios” esos mismos productos representan 9,36% del valor de toda la canasta y para ingresos altos el 6,12%. Esto muestra la regresividad del tributo. Y eso que no incluimos todos los nuevos productos que serán gravados.
Por otro lado, por primera vez se presenta un mecanismo de compensación que devolvería a las familias de bajos ingresos parte del impuesto pagado aminorando el efecto regresivo del tributo. El mecanismo propuesto implicaría hacer una transferencia de dinero cada dos meses de 3 UVT (aproximadamente $99.468, es decir el equivalente mensual a $49.734). Esta compensación la recibirían los hogares con ingresos por debajo de la línea de pobreza (para el 2017 el DNP fijó la línea de pobreza en $250.620 mensuales que equivale a un 32% del salario mínimo mensual). Según información del DANE, y de acuerdo con cálculos del Cienfi de la Universidad Icesi empleando la Encuesta Nacional de Presupuestos de los Hogares (ENPH) de 2017, aproximadamente el 4,54% de los hogares tienen un ingreso por debajo de la línea de pobreza. Esto implica que solo el 4,54% de los hogares recibirían una compensación.
Es importante recordar que en Colombia aproximadamente el 22,76% de los hogares tienen un ingreso total menor al salario mínimo mensual vigente (SMMV). Es más, el 80% de los hogares tiene un ingreso mensual menor a 3,6 SMMV (aproximadamente $2,83 millones). Claramente, no se puede considerar un hogar con un ingreso mensual de un salario mínimo o dos salarios mínimos como clase media.
Es difícil determinar a partir de que ingresos familiares se puede considerar un hogar de clase media o de altos ingresos, pero creo que en aras del argumento sería fácil acordar que hogares que reciben ingresos entre la línea de pobreza ($250.620) y un salario mínimo ($781.242 mensuales) no se pueden considerar clase media. En ese rango de ingresos se encuentra aproximadamente el 18,22% de los hogares colombianos. Estos hogares no serían cobijados con el mecanismo de compensación y verían un fuerte impacto en su poder adquisitivo con el aumento de la base del IVA que se propone. Así, el mecanismo de compensación es una buena idea, pero claramente no mitigará el impacto de la reforma en una buena proporción de los hogares que no se pueden considerar clase media ni de altos ingresos.
El impacto social que puede generar el PLF es grande y no tener los recursos que se están buscando con la reforma podrían generar impactos aún más grandes en la sociedad. Por eso es importante que se encuentre un punto intermedio en este mes que queda para aprobar una modificación al estatuto tributario. Y parece que la discusión irá en esa vía.
Se necesita aumentar la base de productos gravados por el IVA, pero tenemos que cuidar que productos se gravan. Por ejemplo, sería importante llegar a un acuerdo nacional de cuáles serían los productos de una “lista de mercado básica saludable” que pudiese garantizar las necesidades nutricionales de los colombianos en diferentes regiones. Lista que no sería gravada de tal manera que se garantice por lo menos una sana nutrición de los colombianos de todos los niveles de ingresos, y en especial de los de bajos ingresos.
Ya la literatura ha empezado a documentar en otros países del mundo como la imposición de impuestos, o el aumento, a bienes de una dieta saludable genera problemas de alimentación. Por ejemplo, en 2017 unos investigadores australianos demostraron que eliminar la exención de un impuesto similar al IVA a alimentos saludables genera cambios en patrones de comportamiento de los hogares de bajos ingresos que generan una mala alimentación y problemas de salud futuros. Esta PLF es una gran oportunidad para empezar una discusión en ese sentido, en la que criterios científicos de nutricionistas y médicos permitiesen definir ese listado de productos que no tocaríamos con el IVA, independientemente de las necesidades presupuestales o del lobby o no de los gremios. Esto puede ayudar con la discusión y ampliar un poco la base, al mismo tiempo que se cuida el impacto social y sobre la salud que puede generar una propuesta maximalista en el cubrimiento del IVA con un mecanismo de compensación muy difícil de implementar en el contexto colombiano por las características de la distribución de ingresos.
Una versión más corta de este post fue publicado en el Pais de Cali el 22 de noviembre de 2018)
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lunes, 3 de septiembre de 2018
Ambiente internacional apagó la relación del dólar y el precio del petróleo.
Nos habíamos acostumbrado a que el precio del dólar en Colombia estaba directamente relacionado con lo que ocurriera con el precio del petróleo. A junio de 2018 las exportaciones de petróleo y sus derivados representaban el 41,4% de las exportaciones colombianas. Dado ese gran peso del petróleo en la economía colombiana, cuando el precio de éste cae, cae el flujo de dólares que recibe el país por dichas exportaciones y por tanto la oferta de dólares en el país cae. El resultado natural es que el dólar se haga relativamente más escaso y por tanto su precio sube, se devalúa el peso. Y cuando el precio del petróleo aumenta, entonces el flujo de dólares que entrará al país será mayor y por tanto el precio del dólar típicamente cae (revaluación).
Por eso, nos habíamos acostumbrado a que, con precios del petróleo altos, el precio del dólar es bajo. Por ejemplo, entre 2012 y mediados de 2014 el precio del barril del petróleo estaba por encima de 100 dólares y la tasa de cambio estaba al rededor de los $1.700 y $1.800. Pero cuando, el precio del petróleo cayó por debajo de los 60 dólares el barril, el precio del dólar llegó a niveles de $2.800 o más. Es más, a principios de 2016 cuando el barril del petróleo cayó por debajo de los 30 dólares por barril, el preció del dólar alcanzó su máximo histórico (aproximadamente $3.360). Es decir, el precio del dólar en Colombia y el del petróleo en los mercados internacionales caminan de la mano.
Pero, este fenómeno es diferente este año. Desde finales del 2017, el precio del petróleo se ha venido fortaleciendo pasando de niveles de 50 dólares el barril a niveles cercanos a los 80 dólares el barril. Se esperaba que este aumento generaría una caída en el precio del dólar, pero por el contrario el precio del dólar ha venido subiendo. Es decir, se apagó la relación entre precio internacional del petróleo y la tasa de cambio en Colombia.
La desaparición de esta relación puede explicarse por fenómenos externos a Colombia. La razón para este resultado tan increíble a primera vista es sencilla. La guerra comercial del Gobierno Trump con China y otras economías grandes está poniendo nervioso literalmente a todo el mundo. Claramente esto implicará menos crecimiento de la economía mundial.
Adicionalmente, por razones internas la FED (el Banco Central de los Estados Unidos) viene aumentando las tasas de interés haciendo más atractivo invertir en Estados Unidos y esto empuja la demanda de dólares a nivel global. Al mismo tiempo economías emergentes como Argentina, Brasil, Turquía y Sudáfrica han visto depreciaciones significativas en sus divisas este año por problemas internos. Así, los inversionistas en todas las economías emergentes se ponen nerviosos y el capital huye de todos los mercados emergentes (incluyendo Colombia) para buscar refugios seguros, como el dólar.
Dado que el ambiente internacional es incierto. Y en momentos en que se asoma una guerra comercial fuerte y crisis en países emergentes como Turquía y Argentina, se buscan las inversiones más seguras. Los mercados están hablando y fuerte. El mercado cree que no obstante hay problemas en la forma como se comporta el gobierno americano, está sigue siendo una de las economías menos riesgosas. Es decir, los inversionistas del mundo aún tienen fe en la economía americana. Mientras que parece no creerles a las economías emergentes. Por eso los inversionistas están demandando más dólares de lo normal, para refugiarse en una moneda segura. Así, la demanda por dólares está aumentando en todo el mundo, incluyendo a Colombia. Y esto no parece que parara en el corto plazo. Es decir, tendremos que acostumbrarnos por un tiempo a un dólar en niveles de $3.000. Afortunadamente, el precio del petróleo esta relativamente alto, de lo contrario el aumento en la tasa de cambio en Colombia sería mucho más grande como ocurre en Argentina.
(Una versión de esta columna de opinión fué publicada en el diario El País de Cali el 1 de septiembre de 2018)
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Colombia,
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